SOBRE MI

El hombre acababa de pisar la luna, cuando yo pise por primera vez la tierra. Lo hice en una gran ciudad: Barcelona. Ese fue, sin duda, un gran paso para mí. Cuando los pasos ya los daba con una cierta soltura, empecé a ir a un colegio laico y progresista dónde nos permitían expresarnos en nuestra lengua materna aunque estuviera prohibido. Todo esto cambió en 1975, aunque los cambios políticos, a corta edad solo son recordados por los días de fiesta que te dan en el cole. Pero muchas cosas cambiaron aquel año y en los años que siguieron, aunque  algunos quisieron que todo volviera a estar como antes. Pero ya no había vuelta atrás. Lo mismo me pasó a mí: ya no había vuelta atrás. Mi cuerpo fue cambiando y creciendo y en cuatro días pasé del colegio a la universidad…

Veraneé  toda mi infancia al lado del mar, por eso decidí estudiar Biología, para surcar los mares como el Profesor Jacques Cousteau en su barco Calypso, y ver delfines, ballenas y tiburones. Pero las cosas en la facultad son ligeramente diferentes, (notablemente diferentes) y entre genes, bacterias, mitocondrias y ADN perdí el rumbo y acabé naufragando sin que Jacques Cousteau ni nadie viniera a socorrerme. Nunca hice una inmersión, ni me puse una escafandra, y acabé sacándome la carrera por mucho que me costara y por el compromiso conmigo mismo. Y es que los cantos de sirena, paradójicamente no venían del mar si no de tierra firme. Primero no quería hacerles caso, y continuaba luchando para acabar Biología, pero los cantos eran cada vez más fuertes e insistentes.

 En 1992 el teatro ya había entrado en mi vida. Primero de forma amateur, luego dedicándole más horas, más cursos, queriendo aprender más y más. Tampoco esta vez había marcha atrás. La inercia de Biología me llevó a estar becado y trabajar en el Hospital Clínic de Barcelona e incluso a iniciar los estudios de doctorado. Acabé un tiempo más tarde dando clases de Ciencias Naturales en un instituto de secundaria cerca de Barcelona.

Llegados a este punto: la inercia se acabó. Decidí dejarlo todo para perseguir mi sueño y convertirme en actor de teatro profesional. Aún hoy me veo saliendo por la puerta ese colegio con el convencimiento de que nunca más volvería a dejarme llevar por la indecisión. Allí puse rumbo a mi objetivo. En esa magnífica travesía de 6 años formándome pasé por la Escuela de Teatro La Casona y luego en el Institut del Teatre de Barcelona.  Al principio tuve mis dudas y mis miedos, sobre mi nueva vida, sobre mi futuro, pero el tiempo me demostró que había tomado la decisión correcta.

Los años van pasando sin darte cuenta y un día te gradúas. Ya no eres quien eras, eres otra persona, con otras inquietudes, otros compañeros, otras vivencias, cosas que no hubieras descubierto sin ese golpe de timón que te llevó hasta ahí. A partir de ahí, a partir del día de mi graduación tuve la suerte de formar compañía con mis compañeros de promoción. Después de varias obras, mucho trabajo, bolos, muchas risas y vivencias, vinieron otras compañías, otras obras, otros compañeros y experiencias. Unas veces trabajando en proyectos ajenos, y otras más en mis propios proyectos, pero en todos aportando mi creatividad, honestidad, mi sinceridad y mi compromiso por las cosas bien hechas.  Siempre con el deseo de no perder el rumbo, surcando los mares con buenos compañeros, con mi barco o con el suyo, para recalar en un sinfín de puertos en los que pueda aprender y me enriquezca como persona y como actor.

“Bon viatge pels guerrers , que al seu poble son fidels”

Lluís Llach, Ítaca

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